La habitación donde pasamos los últimos meses tú y yo no era muy bonita. Seguía pintada de colores brillantes, pero no tenía ventanas. Los preciosos muebles con que la llenamos se estaban rompiendo, y los sustituíamos por otros de conglomerado cutre, provisional. Ya no nos tumbábamos a mirar el techo, que siempre estaba lleno de estrellas. En realidad ya no sé si las estrellas se habían cubierto de polvo, porque nunca mirábamos hacia arriba. Tú, que siempre has sido más listo, te diste cuenta y dijiste: "Sara, tenemos que salir de aquí". Yo no había visto bien las sillas plegables y el conglomerado, pero cuando hiciste que lo mirase me pareció bien. Luego dijiste que no creías que pudiéramos hacer una habitación nueva, que era una tarea demasiado pesada, y que ibas a vivir en un sitio que no te hacía mucha gracia y donde faltaba todo por hacer, ni siquiera estaban pintadas las paredes, y aún no sabías qué se veía por las ventanas. Eso me dio mucha pena, porque no sabía, y aún no sé, cómo iba a lograr esos colores en mi nueva habitación. Pero iba a decírtelo y habías salido corriendo.
El problema es que hay tantos trastos aquí dentro que no veo la puerta por donde has salido. Podrías haberme esperado. Podríamos habernos construido dos habitaciones lejos, pero con un corcho con fotos felices de nosotros, y nos hubiéramos repartido los trastos que nos gustaban. Pero te fuiste deprisa a una habitación que has llenado con todas las cosas que no había en la nuestra, para que sepa que estás mejor allí, aunque tampoco tenga ventanas. Y me preguntas por qué no he salido de la habitación, donde hasta los muebles feos se desgastan, y ya no recuerdo por qué me gustaba el color de las paredes. Y a mí me resulta difícil aceptar que no lo entiendas. No estoy limpiando porque quiera que vuelvas, sino porque poco a poco, separando los trastos que me voy a llevar de aquellos que voy a dejar aquí (pero que a diferencia de ti no odio), es probable que tarde o temprano encuentre la puerta que no me dio tiempo a ver cuando la atravesaste. Hasta entonces, y como puede que vaya para largo, puedo entretenerme decidiendo cómo va a ser mi nuevo hogar, aunque no es fácil, no puedo usar las cosas que hay en las habitaciones donde vivía antes de conocerte, están todas rotas y ya no me gustan.
